viernes, 27 de febrero de 2026

Corazones.

El corazón de un hombre y el corazón de una mujer no laten igual. Eso no es poesía barata, es anatomía de la soledad, psicología de la vulnerabilidad y filosofía de la supervivencia.
El hombre ama como quien construye una fortaleza. Cada gesto, cada palabra, cada afecto es una piedra que coloca con miedo a que alguien la saque de golpe. El corazón masculino teme romperse en público, teme mostrar grietas, teme depender. Su carencia más evidente: no sabe pedir ayuda. Cree que el silencio y la distancia son protección, cuando en realidad son barreras que lo dejan solo.
La mujer, en cambio, ama como quien cultiva un jardín. Observa, analiza, riega demasiado y a veces deja entrar a quien no debe. Su carencia más evidente: confía demasiado y se entrega antes de medir el riesgo. Su corazón puede sostenerlo casi todo… excepto la indiferencia prolongada.
Pero los hombres también tienen miedo a la indiferencia, solo que la esconden detrás de orgullo y evasión. Ahí es donde aparece una similitud: ambos corazones sienten abandono, ambos sufren rechazo, ambos se rompen aunque lo oculten de maneras distintas.
El hombre ama desde la identidad: “Si me entrego, ¿qué pierdo de mí?”.
La mujer ama desde el vínculo: “Si confío, ¿qué podemos ser juntos?”.
El hombre se aferra a lo que considera suyo, al control, a la estabilidad; la mujer se aferra a la conexión, a la reciprocidad, a la sensación de que no está sola.
Cuando fallan, sus rupturas también son distintas. Él se aleja, distrae, convierte el dolor en orgullo y lo esconde detrás de sarcasmo o humor; ella recuerda, analiza, cuestiona, se culpa y busca patrones donde no los hay. Y sin embargo, ambos sienten soledad igual de intensa. Ambos lloran en la oscuridad. Ambos se rompen sin que nadie lo note.
Las similitudes también aparecen en sus deseos más profundos: ambos quieren ser comprendidos, ambos quieren seguridad, ambos temen perder lo que aman y ambos cargan cicatrices que los moldean sin que lo admitan.
El hombre necesita sentirse respetado y útil para entregar su corazón. La mujer necesita sentirse valorada y escuchada para abrirse completamente. Esa es otra coincidencia: ambos dependen de algo externo para liberarse, aunque no lo reconozcan.

Al final, sus corazones no laten igual, pero laten en paralelo, latiendo a veces en sincronía, a veces en desorden. Son distintos, incompletos y frágiles. Pero eso los hace humanos. Y eso, men… es suficiente para que exista amor, aunque sea por un instante.

martes, 24 de febrero de 2026

“Nadie salió del salón”

El gis aún flotaba en el aire
cuando sonó el primer trueno.
Yo era voz,
era lista de asistencia,
era orden.
Luego fui mano temblando,
metal,
eco.
Caí dos veces
en el mismo piso.
La muerte no abrió la puerta.
El sueño tampoco.
Entonces entendí:
no era el maestro,
no era el alumno.
Era la pregunta
rebotando en un salón vacío.

Introspección y afrontando el duelo...

Hoy cierro este ciclo con conciencia. No voy a negar lo que sentí, porque fue real. No voy a borrar los momentos buenos, porque existieron. ...