El gis aún flotaba en el aire
cuando sonó el primer trueno.
Yo era voz,
era lista de asistencia,
era orden.
Luego fui mano temblando,
metal,
eco.
Caí dos veces
en el mismo piso.
La muerte no abrió la puerta.
El sueño tampoco.
Entonces entendí:
no era el maestro,
no era el alumno.
Era la pregunta
rebotando en un salón vacío.
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