El gis suspende el aire
como polvo de estrellas cansadas.
Digo mi nombre en el pizarrón
y suena ajeno.
Un trueno.
Pupitres volcados.
Metal.
Caigo.
Luego soy la mano que tiembla.
Luego soy el ruido.
Luego soy el suelo otra vez.
Disparo al techo,
a la culpa,
a mí.
Nada se apaga.
La muerte no abre puertas.
El sueño sigue respirando.
II. Banqueta
Ahora soy pequeño.
Los pies no me alcanzan
para cruzar la calle.
Un autobús arde
como un recuerdo mal contado.
Adentro está mi padre
hecho silueta naranja.
Grito sin sonido.
Corro sin moverme.
El fuego habla un idioma antiguo
que dice:
no puedes salvar todo.
Despierto con humo en los pulmones
y las manos todavía de niño.
III. Sala
La casa es azul.
La película no importa.
Tu hombro roza el mío
como si el mundo cupiera ahí.
Voy por agua.
Regreso.
La luz del pasillo
parte la noche en dos.
Tu nombre se queda quieto.
Mi madre es frontera.
Tú, estatua.
Entiendo sin palabras:
hay amores
que no se rompen,
IV. Interludio
Toro mirando.
Caballo respirando cerca.
Pantallas diciendo “descansa”.
Yo caminando.
Siempre caminando.
V. Coda
Morí tres veces esta noche
y sigo aquí.
No soy maestro,
ni hijo,
ni fantasma,
ni despedida.
Soy el que regresa.
El que nadie vio levantarse.
El que carga fuego en el pecho
y aún así
aprende a dormir.
Porque el sueño no era muerte.
Era muda de piel.
Y amanece.
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